Los Desafíos Pendientes de los TLC en Chile.

Oportunidad de Emprendimiento.

Es una historia de más de 30 años. Pero la mayor fuerza la adquirió en los últimos 10, cuando Estados Unidos y la Unión Europea entraron al ruedo de los tratados de libre comercio que firmaba Chile. En ese plazo, los chilenos se volvieron los socios de 57 de las economías más poderosas del orbe y comenzaron a hacer llegar sus productos a buena parte de los consumidores con poder adquisitivo del mundo.

Y ante esa posibilidad, al principio los “peros” -como cuotas restringidas o plazos de rebajas de aranceles- parecían temas menores. Especialmente, porque los mismos acuerdos consideraban revisiones. Y comenzó la carrera por aprovechar los beneficios y dar salida a una producción, que de otra forma, no tenía destino. Los exportadores nacionales entendieron que estaban las puertas abiertas, pero que para cruzarlas tenían que ofrecer lo que los consumidores de esos países querían.


”Como Chile tiene un mercado interno pequeño, las exportaciones permiten dinamizar el agro y obtener ganancias por toda esa producción que no se consume internamente”, dice Marcos Mora, director de Economía Agraria de la Universidad de Chile. Así, los TLC impulsaron el desarrollo y la innovación local, con introducción de nuevas especies y variedades, aparición de tecnologías de packaging, de materiales; el inglés como clave de la contratación de profesionales -y técnicos en muchos casos- y la incorporación a la producción y comercialización de temas como sustentabilidad, trazabilidad, medio ambiente y buenas prácticas laborales.

En suma, modernización del país y de su gente. Se aprovecharon bien los beneficios y los productores y exportadores nacionales crecieron. Pero, en el camino, pareció que los TLC comenzaban a quedar chicos. Los plazos de las rebajas arancelarias se cumplían, pero las cuotas, no siempre se ampliaban en la medida que se esperaba. Además, los mercados comenzaron también a abrirse a la competencia, con lo que los espacios se siguieron apretando.

Y la producción nacional más eficiente con empresarios con la mira puesta en los mercados externos comenzó a sentir que ya no avanzaba al mismo ritmo. Pero Chile decidió no dormirse. Por ello dio cada vez más importancia a los nuevos socios, especialmente el Asia. Para los expertos, uno de los mercados que nunca podemos olvidar, por cercanía y facilidad para hacer negocios, es Latinoamérica. Sin embargo, “uno de los peores tratados que ha establecido Chile ha sido con el Mercosur”, afirma Juan Ignacio Domínguez, profesor y agrónomo de la Universidad Católica.

Esto por las malas condiciones que se lograron en el caso de envíos chilenos. La situación se repite con la Unión Europea, ya que si bien hay beneficios, muchos no son tan buenos como los que se les entregan o reciben los competidores. Este tipo de problemas hace que los distintos sectores y expertos del rubro llamen a renegociar y busquen, por ejemplo, la ampliación de cuotas comprometidas. Hay otros muy exitosos, entre los que destaca México, por las ganancias que ha traído, sobre todo porque sectores como el de la carne que no tenían precios competitivos para exportar y después del tratado han logrado entrar a la industria mexicana sin problemas.

También quedan mercados por conquistar. El norte de África, especialmente Egipto y Marruecos, representan potenciales importantes para los chilenos. Además de la búsqueda por consolidar los envíos a India, China y Rusia, países BRICS, que son ícono de la recuperación económica en el mundo y generan interés por su alta población y elevado poder adquisitivo de las clases más altas.

Actualmente, se están tramitando acuerdos con Malasia, Tailandia y Vietnam, pero quedan pendientes los citados países del norte de África. Con todo esto, muchos dicen que “Chile está en una posición de liderazgo en el mundo en cuanto a tratados”, como afirma Domínguez. Aunque las tareas no terminan ahí, Carlos Furche, ex director general de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon), reconoce que el dinamismo del mercado puede generar dificultades o excusas para elevar las barreras paraarancelarias.

En este sentido, sectores como el lechero reclaman que, por el nivel de competitividad, no muchas veces se toman en cuenta todos los sectores y los dejan fuera de estas oportunidades de negocios. “Es un hecho que el mercado agrícola está muy protegido y distorsionado en países desarrollados, por eso no es fácil negociar productos sensibles”, comenta Domínguez.

Otra de las desventajas es que Chile para conseguir estos privilegios muchas veces debe ceder en otros aspectos, lo que hace imposible mantener barreras como las bandas de precio. De esto, el mejor ejemplo es Colombia, que tras el alza en el arancel al azúcar, se puso en riesgo la exportación de productos nacionales, como la fruta y el vino. Así, cada mercado tiene sus propias demandas y ofertas, por eso para cada destino cambian las reglas del juego. Además, para cada rubro se han establecido normas diferentes, según sus necesidades locales, y que no siempre implican ventajas similares para todos los productos chilenos.

Fruteros: Hay que aumentar los envíos a Asia


El sector frutícola es reconocido por su alta exportación, con envíos que superan los dos millones de toneladas. Antonio Walker, presidente de Fedefruta, dice que el principal beneficio que los tratados le han entregado al sector es la capacidad de conquistar mercados que culturalmente están muy lejos, como fue el caso de China. “El TLC con China nos abre las puertas a un mercado muy esperado por la fruticultura, por la cantidad de población y su poder adquisitivo”, comenta Walker.

Hoy se envían 23 millones de frutas a ese continente, mientras que a Europa se mandan 110 millones, por eso el desafío es equiparar la cantidad o superarla, para aprovechar la alta demanda de los asiáticos. Actualmente, tiene mercados seguros y constantes, pero todavía quedan tareas pendientes. Los fruteros buscan consolidar sus negocios con Asia, India y Rusia, para luego ir por un nuevo destino: África.


Según Walker, “debemos tratar de abrirnos a Libia, Egipto y Marruecos”. Aunque se muestran seguros de tener un producto bueno, en Fedefruta afirman que es necesario aumentar la promoción de los productos nacionales en el extranjero.

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